Este escrito fue provocado por la visita a la exposición titulada ARMAN en el Centre Georges Ponpidou de Paris, un día del mes de Octubre del 2010.

Mi propósito no ha sido otro que el traducir por escrito las reflexiones que, como visitante de la exposición, hice a lo largo de tres o cuatro horas.

He querido conjugar ficción y ensayo, puesto que los personajes que toman vida en el relato son pura i simple ficción. Incluso el narrador debe de ser considerado como personaje ficticio.

He presentado una parte del texto en forma de diálogo con la finalidad de crear la ficción. La otra parte son reflexiones que se presentan en forma de ensayo.

Las notas que me sirvieron para la redacción del texto fueron tomadas en la misma exposición. Posteriormente se le dio la forma, tanto la que es presenta como ensayo, como la que lo hace en forma de diálogo.

No quisiera, en ningún momento, que estas reflexiones se tomaran como una actitud personal con respeto al arte contemporáneo. Pues mi propósito no ha sido hacer una defensa y aún menos una crítica ya que el eclecticismo de mi pensamiento sobre arte contemporáneo, tanto como actor creador, en el cual me muevo, como actor espectador, me permite aceptar abiertamente cualquier propuesta sobre el arte de hoy.

Y los grandes sabios del arte ¿dónde están?

Reflexiones sobre el arte de hoy

Ensayo - Ficción

Jordi RODRÍGUEZ-AMAT

 

A la cola del Centro Georges Pompidou en París, el primer domingo de octubre del 2010, 11 de la mañana. Exposición: Arman.

- ¿Quién es este?

Oigo decir a uno de la cola, justo detrás de mí, refiriéndose a un cartel: Arman.

En el Pompidou siempre hay cola. En Paris, en todos los museos, en todas las exposiciones, siempre hay colas. Hoy el Museo Nacional de Arte Moderno es gratuito, esta exposición no.

¿Por qué hay tanta gente sino es gratuito? Sea gratuito o no, siempre hay gente aquí. La gente tiene ansias de saber, quiere conocer. Creen que sabiendo serán mejores, más felices. Corren hacia donde creen que encontrarán algo que les ayudará a saber más. Quieren saber tanto como aquellos sabios que entienden mucho de arte. Yo también estoy aquí por que quiero saber. Pero, ¿que se puede saber de arte? ¿Qué pregunta, no?

Sólo las vacas sagradas del arte acceden a exponer en este centro, aquellas que los súper-sabios del arte presentan como las lumbreras que iluminan la llamada estética contemporánea o, aún mejor dicho, la conceptualizad artística contemporánea.

Una vez dentro de la exposición, después de, evidentemente, haber pagado mi entrada como hijo de madre, veo que hay espectadores de todo tipo. Hay el que se lo mira todo un poco atónito, como si estuviera descubriendo objetos de otra galaxia. Hay también el que va sobrado y piensa que ya lo sabe todo. También hay el neófito, aquél que dice que no entiende nada. Yo también estoy allí. Hay también ¿qué duda cabe? aquél que tiene una idea fija del arte, sin ser un sabio, a pesar de que él se lo crea, y manifiesta que aquello no es arte.

De repente oigo decir a una chica joven muy y muy guapa:

- ¿Es arte esto?

Pregunta propia de incrédulos, diría un súper-sabio en arte.

- ¿Pero, que no ves que lo presentan como una exposición de arte?

Le responde un joven que parece muy enamorado de ella.

Yo circulo, a diestra y siniestra. ¿Título de la obra? Claro, a pesar de que se ve perfectamente, el artista titulaba sus obras, no se diera que alguien no lo viera. Colère de Mandoline (una mandolina chafada y destruida), Poubelle des Halles (todo tipo de desechos dentro de una caja de vidrio) , Tuez-les tous, Dieu reconnaîtra les siens (unos treinta de pulverizadores antiguos de matar moscas). Accumulation de machines à écrire dans une boîte en bois (vuelvo a pensar que no sé por que pone el título si ya se ve) Butterfly Variations (un violín cortado y pegado en forma de mariposa sobre un tablero de madera). Me gustó esta obra. Le Fauteuil d’Ulysse (un sillón a medio quemar).

Un poco cansado de leer tantos títulos.... ¡caramba…. qué piernas tan hermosas! Sí, es una chica joven que hoy quiere lucir su cuerpo. Entre veinte y veinticinco años. ¡Perfecto! Sabe moverse, tiene estilo, zapatos de medio talón, falda corta, un palmo y medio por encima de la rodilla. Confieso que dudo entre mirar la chica o las obras expuestas.

Aquí la mente no puede quedar pasiva y me pregunto, ¿que pasaría si esta misma exposición se presentara en otro lugar sin el, digamos, glamour del Pompidou y bajo un nombre de artista desconocido? ¿Qué reacciones tendría cada una de las tipologías de estos espectadores? El que se lo mira atónito cómo si estuviera descubriendo algo de otra galaxia, como yo, seguramente no hubiera ido. El que va sobrado, tampoco hubiera ido. ¿Qué tendría que hacer él en un espacio sin prestigio? ¿Y el sabio que dice que entiende mucho? Este sólo hubiera entrado a ver la exposición si casualmente hubiera pasado por allí y tuviera tiempo para una banalidad como aquella. Este sería el único que diría lo mismo: esto es arte.

Mi profundo deseo de entenderlo todo y bien me obligó, una vez hecho el recorrido de toda la exposición, a volver atrás para empezar de nuevo y, así, con la repetición de la jugada, pausadamente e intentando hacer reflexiones profundas, verlo todo más claro.

- Hoy hay quién habla de estética sin saber definir exactamente lo qué es. ¿Qué dice Kant de la estética? ¿Lo has leído tú? ¿Y Hegel? ¿Y todos los sabios del siglo XX y del XXI que entienden mucho de arte? Seguramente no lo habrás leído tú. Este dice algo que el otro niega. Y lo que dice este es puesto en entredicho por todos los otros. Esta dialéctica, créeme, es lo que da sentido a muchos de los aspectos del arte contemporáneo.

Todo esto lo iba diciendo una señora que yo tenía al lado cuando, después de haber descubierto un banco que me permitiera sentarme y así poder descansar de las efervescencias artísticas de aquel lugar, yo aposenté estéticamente mi culo.

- ¿Has oído hablar de la estética psicológica? ¿Y de la estética fenomenológica? ¿Y de la estética analítica? Esto hace.

Continuaba diciendo la señora.

- Que todas las reflexiones al entorno del arte y concretamente de la estética sean ciertamente complejas.

Y la buena señora prosiguió diciendo:

- Hay quién habla de la estética analítica americana, y de cirugía estética y de estética evacuativa.

¡Ah! perdón, no lo había oido bien, dijo: estética evaluativa.

- Además, nos encontramos ante un sin fin de expresiones como actitud estética, teoría de la estética, estetización de la existencia, estética de la percepción, de la apreciación, régimen estético, experiencia estética, además de, experiencia estética correlativa, des-estetización, estética de los tiempos del triunfo de la estética.

 ¿Me sigues?

Le preguntaba ella. Y, con orgullo pomposo, se le hinchaban las mejillas de tanto saber sobre estética. Yo ya estaba completamente perdido, pero tengo que confesar que, por un momento, creí que la señora entendía mucho de arte.

 

La buena señora se dirigía a un hombre que estaba a su lado. El señor y yo formábamos un bocadillo con la señora. Ella era el chorizo.

Al cabo de un rato, aquel señor, corbata burguesa, le contestó, después de hacer profundas reflexiones:

- ¡Hoy el arte está en decadencia!

Estos dos, denominémoslos espectadores, hablaban y hablaban y yo, atónito, los escuchaba.

- ¡Ves como la simple destrucción de un violín,

Allí había uno de aplastado sobre un tablero de madera, bajo vidrio y con un marco.

- Se presenta como obra de arte!

Retomó la señora.

Y más allá había, sumergidos en una especie de resina, detritus que el artista había ido a recoger en un basurero.

- No creas que el arte está en decadencia.

Continuó ella.

Yo quise creer que era ella la que entendía mucho de arte, a pesar de que no consideré que fuera uno de estos sabios que entienden tanto y tanto.

- La simple destrucción de un objeto o la acumulación de desechos dentro de una caja no se puede considerar nunca obra de arte.

Le respondió el señor.

Y continuó:

- Me has hablado de estética. ¿Qué encuentras tú de estético aquí? La estética es una parte de la filosofía que trata de la belleza.

La señora, cabello teñido y muy corto, le respondió nuevamente:

- La estética hay que aceptarla en sus múltiples apreciaciones, definiciones e interpretaciones.

Y el hombre, moviendo la cabeza, le respondió:

¿Pero si la estética forma parte de la filosofía como lo es la lógica, qué sentido lógico puede tener todo esto? La lógica es una parte de la filosofía que estudia entre otros las leyes del razonamiento y aquí no hay absolutamente nada de lógica.

- Piensa que el arte de hoy, el que denominamos arte contemporáneo, se basa en valores y conceptos que no se pueden contemplar bajo los mismos parámetros que nos sirven para valorar el arte de otros siglos.

Contestó la señora.

- Por otro lado, sé que hay quién dice que habría que encontrar otro nombre para designar el concepto de arte contemporáneo, sencillamente por la de-similitud con cualquiera de las definiciones que podemos hacer del arte de otros momentos históricos. El arte, hoy, no es una filosofía, no es una ciencia, tampoco es una religión.

- No es nada.

Interrumpió el señor.

- Calla y déjame hablar.

Replicó la buena mujer.

- El arte contemporáneo.

Continuó ella.

- Es una actividad del ser humano que no existía antes.

El buen hombre, que parecía tener la cabeza bien puesta sobre los hombros, le contestó:

- Los entendidos en arte contemporáneo quieren hacer seguir las masas sociales, perdón, quería decir una minoría social, con reflexiones ilógicas que bajo el sentido de absurdidad y relatividad quieren elevar a nuevas formas de acciones humanas.

- Amigo mío.

Le contestó ella.

- El mundo no es estático y, bien al contrario, está en constante evolución y revolución y el artista no puede quedar alejado de este mundo. Es por eso que el creador tiene que ser un revolucionario.

El señor, que estaba al otro lado de la señora por referencia a mí, hablaba fuerte y, así, yo lo podía entender sin tener que hacer ningún esfuerzo auditivo. Evidentemente, yo no me los miraba, hacía cómo si estuviera ausente, no fuera caso que interrumpieran su conversación.

- Esto que tú y pocos otros denomináis arte contemporáneo es un joderse de Dios y de su madre. Te lo explicaré.

Era el señor quien hablaba ahora

- Antes y ahora, cualquier persona que se dedicaba o se dedica a una actividad humana tiene que hacer constantemente estudios y/o preparaciones de sus habilidades manuales para acceder a poderla realizar y todo esto que vemos aquí no exige ninguna capacidad. Este, denominado artista por vosotros, no necesita hacer ningún tipo de esfuerzo para acceder a una preparación profesional que le permita crear obras de arte y lo único que hace es dedicarse a hacer tonterías como estas.

La señora que no era muy guapa, pero que se había pintado de azul alrededor de los ojos, le respondió.

- Esto que tú dices que no es arte, también exige esfuerzos por parte del creador. La simple idea de romper y destruir todos los conceptos que definían el arte anteriormente es suficiente para demostrar que para acceder a ello es necesario un estado mental y personal determinado, el cual permite al artista de acceder a nuevas formas de las acciones humanas y todo ello gracias a un gran esfuerzo.

Y la señora, mucho animadita ella, continuó.

- Tú sabes muy bien que todo es relativo, que nada es absoluto. Incluso la propia existencia del ser humano es relativa. Además, no hay nada de estático en este mundo ni tan sólo el propio pensamiento el cual está en constante evolución. Tú dices que el arte contemporáneo no es arte, que todo esto es un absurdo. ¿Porque no aceptas que incluso la absurdidad puede ser aceptada como arte y así poder acceder también a tener un sentido con valores artísticos? Incluso la estética de la cual te he hablado antes es relativa. El arte, hoy, destruye principios establecidos y lo hace de manera voluntaria, consciente. Esto que tú dices que sólo es patrimonio de una minoría, con lo cual estoy totalmente de acuerdo, un día será cultura de masas. La lógica de la ilógica y la valoración del absurdo elevados a obra de arte. Y esto es arte por que han sido los propios artistas los que han hecho evolucionar estas nuevas formas del espíritu humano. Si pensáramos en la evolución del arte del siglo pasado, siglo XX, veríamos como todo ha ido evolucionando de forma continuada. Cada artista ha hecho nuevas aportaciones, han sido nuevas ideas para llegar a esto que estamos viendo aquí. Y, además, esto es arte por que el artista lo dice.

Yo, a pesar de hacer un gran esfuerzo de concentración para poder seguir la conversación, ya me empezaba a perder. También pensé que yo podía ser uno de estos artistas contemporáneos por el simple hecho de hacer esfuerzos para comprender toda aquella conversación. Lo que pasa es que yo no creaba nada de nuevo, sencillamente lo que hacía era querer entender todo lo que decían aquellas dos personas. Por un momento pensé que, de tantas reflexiones, aquellos dos se podían cansar, pero sus energías y la fe que ponían en la conversación eran muy grandes y se sentían valientes.

Pararon unos segundos de hablar y yo aproveché para mirar las piernas de la señora. A pesar de que la tenía al lado, vi, mirando de reojo, que tenía una carrera en la media, justo en la parte izquierda del muslo. Lo pude ver puesto que, al estar sentada, la falda se le subía por encima de la rodilla. ¡Muslos potentes! pensé.

Poco a poco, la señora parecía exaltarse. Era tanta la fe que tenía en qué todo aquello era muy bueno que, al hablar, las mejillas se le ponían rojas de entusiasmo.

- Parece como si aún no hubieras salido del huevo.

Retomó ella.

- Las estructuras mentales, la libertad de espíritu, la imaginación, entre muchos otros valores, son elementos que permiten crear nuevas formas de acciones humanas y el arte contemporáneo es una de ellas. Tienes que pensar que llegar a liberarse de las formas que tú denominas arte es una manifestación de esta libertad. Y el artista ha sido y es un avanzado a su tiempo.

 

El fanatismo en un conocimiento no científico, puede aniquilar la capacidad reflexiva del individuo. Los fanatismos religiosos, nacionalistas y/o políticos son claros exponentes. El arte, desde el momento en que el artista ha sido considerado un ser con ciertas diferenciaciones respecto de la gran mayoría de personas y la consideración de que sus obras de arte han sido creadas bajo determinadas inspiraciones ha generado incesantes discusiones a lo largo de los últimos dos siglos. Recordemos los constantes debates a principios del siglo XIX entre los defensores de la pintura romántica y los de la neoclásica o, a finales de este mismo siglo XIX, entre los pintores llamados pompiers y los impresionistas. No haría falta añadir que a lo largo de todo el siglo XX las controversias han sido pastura constante de discusiones, y esto ya no tan sólo entre los mismos artistas, sino, además, entre todos aquellos que de alguna manera se interesaban por aspectos artísticos. Unos, anclados en principios establecidos considerados inmutables por ellos mismos, otros, dispuestos a cualquier precio romper con estos principios, ha generado una dialéctica en la cual cada uno de ellos tiene su razón. Dos formulaciones muy diferenciadas puesto que para unos el arte es inmutable, mientras que para los otros, el arte es como la misma vida y, consecuentemente, está en constante evolución. En cualquier ciencia del espíritu no hay una verdad absoluta y es el conocimiento relativo de cada individuo el que le indica el camino a seguir en su razonamiento.

Hay que cambiar la manera de ver y de apreciar el arte dicen los defensor de los movimientos artísticos contemporáneos. Los otros, con un alto grado de escepticismo, manifiestan que son los principios eternos los únicos que tienen que estructurar el arte. Bajo estas discrepancias, hay que aceptar que hay un derecho inalienable al individuo a defender sus principios, tengan estos el cariz que tengan.

A pesar de esta relatividad, tenemos que manifestar que, hoy, los criterios por la apreciación del llamado arte contemporáneo no se pueden fundamentar sobre principios pura y simplemente estéticos. El hecho de no poderlo valorar con los mismos criterios que nos servían anteriormente, obliga a que constantemente hayamos de utilizar el adjetivo contemporáneo para concretar de qué estamos hablando. Algunos, incluso defensores del arte contemporáneo, manifiestan que tendría que tomar otro nombre. Pero el simple hecho que la evolución haya tenido sus orígenes en el arte, concretamente en el arte moderno, y que hayan sido los propios artistas los productores de esta evolución, ha hecho que no se haya perdido el nombre. Hay también los que objetan la posibilidad de encontrar un cambio de nombre puesto que consideran que las grandes diferencias de principios conceptuales entre las artes de diferentes épocas son tan grandes e incluso más que las que se producen hoy. La única diferencia es que el ritmo de su evolución, hoy, ha sido extremadamente acelerado. Del mismo modo vemos que en la historia reciente, principios del siglo XX, el arte tuvo que tomar el calificativo de moderno para poder dilucidar las diferencias respecto a cualquier arte anterior. Tomemos un libro de estudio general de la historia del arte y veremos que los principios, finalidades, estéticas, etc. etc. son absolutamente dispares.

Parece como si la historia entre los evolucionistas y los conservadores en materia de arte se repitiera constantemente. De esto hay ejemplos en todas las épocas. Pensemos como Vasari, ya en el siglo XVI, denominaba el arte de los siglos XIII, XIV y XV con el calificativo de gótico, el cual era sinónimo de bárbaro. Y aún hoy resuenan las discusiones de no hace más de treinta o cuarenta años entre los defensores del arte moderno y sus detractores. Unos, figuración si, abstracción no, otros, justo al revés.

Permitidme de confesar que, antes de entrar a la exposición, yo ya había comprado el catálogo y con mis ancas muy bien puestas encima de una silla de la terraza del Pompidou y ante un café con leche que me había servido una mulata, digamos, mucha mulata, me lo había leído. En París, todos lo sabéis, hay muchas chicas de color. Pensé que el que escribió la presentación de aquel catálogo sabía mucho. Compré el catálogo por que quería saber yo también, está claro. Me sentía como un búho con los ojos muy abiertos y la mente muy despierta para entender lo que decía el catálogo. No hace falta que os manifieste que había dos tipos de catálogos. Uno, muy grueso, con todas las reproducciones de las, digamos, obras de arte expuestas allí. Yo compré el más económico y esto no por el precio que sí que era caro el otro, sino por que pensé que para empezar a entender ya me serviría, no fuera caso que con el otro me perdiera .

Además, al entrar a ver la exposición, leí los escritos que había por las paredes junto a las obras. Aquellos escritos, siempre manipuladores, explicaban como obras de aquel artista estaban hechas con desechos que él había ido a recoger por diferentes lugares; botellas, plásticos de todo tipo, papeles sucios, latas, trozos de ropa y otros muchos objetos se encontraban dentro de cajas de madera o de plexiglás. Yo quería empezar a entender, pero según había oído decir, el arte contemporáneo no se tiene que entender.

 

Independientemente de las características particulares de cada momento histórico, la imagen plástica ha estado, a lo largo de muchos siglos, sometida al imperativo de la descripción y de la narración visual. Muchas veces la propia narrativa ha determinado el significado de la obra y ha evidenciado la realidad subjetiva del momento. Incluso, desde una óptica contemporánea, se puede considerar que la sociedad ha sido históricamente represiva con el arte, exigiéndole constantemente, narración y descripción.

La posibilidad de la existencia de un arte sin narrativa ha permitido a ciertos momentos del siglo XX de idear discursos plásticos relativamente libres respecto de una imagen descriptiva. Esto ha generado un gran número de doctrinas estéticas sobre las cuales algunos artistas han podido fundamentar la obra. Este hecho ha provocado que muchos creadores se hayan afanado en destruir la representación del objeto y ha originado una dialéctica de la imagen a caballo entre la narración visual y ciertos valores plásticos independientes de la propia narrativa. Es así que para muchos artistas, la narración es pura y simple anécdota que hay que destruir. Para otros, en cambio, son valores que toman un fuerte protagonismo dentro de la obra.

El sin fin de movimientos artísticos que han ido tomando cuerpo a lo largo de esta última centuria permite pensar que el artista se ha entregado a una carrera frenética en busca de verdades absolutas. Incluso, ciertas actitudes creativas tienen tendencia a evitar la producción artística con simples finalidades estéticas. La modernidad, o mejor, la contemporaneidad, se formaliza como una decisión, una actitud del propio individuo.

Por otro lado hay una fuerte predisposición a conceptualizar y teorizar cualquier principio que pueda a la vez ser traducido en simple acción plástica. Cada artista tiene una clara tendencia a definir su propio trabajo dentro de unos parámetros concretos y a delimitar su mundo particular para lograr un estatus personal y distinto de cualquier otro de su entorno.

Admitiendo abiertamente la pluralidad de principios y en la globalidad del pensamiento, el arte logra hoy la capacidad de ensanchar, orientar y a la vez desarrollar la conciencia del individuo.

Con mis cavilaciones tuve miedo, por un momento, de perderme la suite de la conversación y volví a afilar la oreja.

Ahora era el señor quien hablaba.

- ¿Tú crees que este conjunto de dientes postizos dentro de aquella caja se puede considerar arte?

La señora, un poco mosca, le contestó,

- ¿Pero no te he dicho que no puedes valorar estas obras del mismo modo que lo harías con cualquier obra no contemporánea?

No me gustaría ver aquella señora en mi casa cocinando. Por otro lado no creo que aquella señora sepa cocinar mucho. ¡Qué carácter! pensé, pues el tono de sus palabras empezaba a pinchar como agujas. A mí sí que me gusta cocinar, pensé yo.

- Son conceptos nuevos, formas de hacer, acciones que se pueden considerar absurdas, pero que esta absurdidad es, en sí misma, obra de arte.

El señor se rascó el cuello. Parecía que le picaba algo.

- ¿Y así, que hay que valorar?

Le preguntó él.

- ¡No se tiene que valorar nada!

Replicó muy enfada la señora.

Ella paró de hablar un rato, pero sus ansias en hacerle saber qué era todo aquello, la obligó a continuar.

- Mira, las formas y conceptos en que se basa esta nueva forma de acción son completamente relativos y no se pueden valorar con tu lógica. Parece como sí para ti no hubiera nada más que la lógica. Tienes que saber que el artista es un avanzado de su tiempo.

La señora miró al aire y resopló.

El señor, a pesar de que no tanto como la señora, empezaba también a estar mosca.

- ¡Mírame y escúchame!

Retomó ella.

- A ti te gusta la pintura de Monet, aquella exposición que fuimos a ver anteayer en el Grand Palais. Pues bien, ahora hace justamente cien años, la gente como tú decían de aquella pintura exactamente lo que tú dices ahora de este artista. Te pondré un ejemplo. Entonces se decía que las mujeres embarazadas no fueran a ver las exposiciones de los artistas impresionistas por que perderían el hijo. Esto lo decían por que consideraban aquellas pinturas escalofriantes. ¿Me crees o no?

Le dijo la señora con tono en un tono rabioso.

Por un momento pensé que la señora iba a pegar una bofetada al señor.

El hombre no compartía las ideas de aquella buena mujer. Esto parece que es el que pasa siempre con aquellas personas que no acceden a aceptar el que se denomina arte contemporáneo. Un intento más para imponer su criterio lo trajo, según me pareció, a manifestarse sobre una serie de objetos a medio quemar. Según textos explicativos que había por las paredes, el artista quemaba objetos y, antes de dejarlos consumir totalmente, los apagaba. La combustión del objeto formaba parte de la acción de destrucción, una de las series de obras expuestas

El hombre con un cierto toque de ironía:

- No debe de de ser un gran artista, puesto que no acaba el trabajo. Deja los objetos a medio quemar.

La señora, viendo el tono irónico, movió la cabeza en sentido despectivo y no le contestó.

Si analizamos la historia del arte, veremos que en todo momento histórico, desde el momento en que una nueva forma de expresión ha ido apareciendo, hasta que esta se ha considerado consolidada, ha habido un tiempo, más o menos largo, en que los creadores se han movido a tientas. También hay que decir que a lo largo de muchos momentos históricos el creador no ha sido considerado como tal. Es decir, no se le ha otorgado el calificativo de inspirado o, incluso, de divino. Hoy, después de más de un siglo de innovaciones y cambios constantes a un ritmo vertiginoso en los propios conceptos artísticos y nuevas aportaciones, tanto plásticas cómo, sobre todo, conceptuales, el arte parece que no necesita cumplir con una finalidad social, religiosa u otro. Esta ha sido la liberación más importante que ha logrado el arte desde el momento en qué tomó el nombre de arte moderno.

Por otro lado, hoy no podemos ver cuál será el camino que seguirá el arte contemporáneo y, todavía menos, el resultado final de todas estas acciones. Si pensamos en todos y cada uno de los movimientos artísticos que se han producido a lo largo del siglo XX, veremos que han tenido que pasar unos años hasta que teorizadores, críticos, galeristas, comisarios, directores de museos y artistas –los hemos dejado los últimos- hayan podido marcar el itinerario de las propias teorías y, a la vez, conseguir que el espectador, mediante un proceso de formación y sensibilización, valorara las nuevas propuestas plásticas o simplemente conceptuales.

Hay que tener en cuenta que toda valoración será siempre relativa, pues los movimientos artísticos del siglo pasado que ya forman parte de la historia lo han logrado por razones coyunturales.

Un ejemplo lo podemos tener si pensamos por un momento, pura ficción, que cualquiera de los artistas del pasado que hoy son considerados como puntos de referencia de sus tiempos, levantaran la cabeza. Pongamos un ejemplo concreto. Creéis que un Delacroix que en su tiempo rompió normas, entendería algo del arte de hoy? Con este ejemplo querría mostrar la relatividad de este el arte. Todo es válido, si queremos que lo sea. Y para hacerlo válido, hace falta que el simple espectador asuma la valoración, siempre, vuelvo a decir, relativa, de cualquier nueva propuesta.

 

Poco a poco, influenciado por aquella conversación, yo me empezaba a envalentonar y, mi mente, de tanto reflexionar, empezó a pensar que el arte era un absurdo. Bien, pero el absurdo también puede ser arte, ha dicho la señora. La estética del absurdo o el absurdo de la estética. Yo, que soy un hombre valiente, quise ir más lejos y me dije: de arte hay siempre. Si existe, ya es arte y si no existiera, su no existencia sería también arte. Si aceptamos que el absurdo tome un sentido, dejará de ser absurdo y por lo tanto dejará de ser arte. Pues no, puesto que el hecho de dejar de ser puede ser por sí mismo arte. Yo, como veis, influenciado por las profundas reflexiones de la señora, me empezaba a embalar. Seguía en la línea. Me encontraba bien. La belleza no es arte, puesto que si fuera arte no sería belleza. O es belleza o es arte. Pues no, sea arte o belleza o belleza o arte, siempre es arte. El arte es todo y todo es arte. Si el arte exige un oficio es arte y sino, también es arte. Por eso, el arte es siempre arte. Todo aquello que es lógico o ilógico es arte, puesto que por el hecho de ser lógico es arte y por el hecho de ser ilógico también es arte, todo aquello que es absurdo también es arte, puesto que por el hecho de ser absurdo también es arte. Crear es arte y dejar de crear también es arte. Si yo digo que es arte, es arte. La señora había dicho que arte es aquello que el artista dice que es arte. Y si yo me siento artista y digo esto se arte, no lo dudéis: es arte. El hablar puede ser arte y el callar también. Arte es aquello que yo denomino arte, puesto que yo, ahora, también soy artista.

Cómo veis, yo ya me encontraba en la órbita de la señora. Incluso yo iba más lejos. Se podría considerar que aquella señora era una aprendiza mía.

Fueron unos segundos en qué perdí el tino de lo que aquellos dos decían, pero, me di cuenta que ahora habían cambiado el tema de la conversación. Ahora hablaban de las tramoyas del éxito. ¿Por qué aquel artista estaba allí y por qué no otro? ¿Por qué hay intereses comerciales que determinan que este o bien aquel sea el nuevo faro del arte de hoy? Que si los coleccionistas, que si los galeristas, que si las instituciones, etc. etc. Esto, pensé, ya no me interesa tanto. Además, yo ya me encontraba en la órbita y no necesitaba ningún impulso más para seguir a solas mi camino.

Aquel artista practicaba la performance. ¡Qué maravilla! En un vídeo se veía cómo, con un hacha y grandes martillos, destruía un espacio amueblado. Había sido una performance realizada en una galería de un lugar cualquiera del mundo. No me preguntéis dónde. Allí se veía como se desmenuzaba todo. ¡Qué maravilla! El vandalismo elevado al máximo nivel de la creación artística contemporánea. Yo también podría ser artista pensé y ¿por que no mejor que aquel? Hoy no, por que estoy cansado de tanto cavilar, pero mañana destruiré el mundo y así seré el más grande artista de toda la historia de la humanidad. Dios creó y yo destruyo. La estética de la destrucción del mundo. ¡Qué maravilla! Aquel artista podría ser considerado como mi antecesor, mi gran maestro y yo lo quería superar. Todos los artistas han tenido siempre padres y abuelos artistas y no me refiero a padres y abuelos biológicos, sino aquellos que con su arte los han influenciado.

Y sin desfallecer un solo momento, continúo con mis cavilaciones: pero si el arte necesita del espectador para ser arte y yo destruyo el mundo no quedará nadie para ser espectador. Respuesta. A partir de ahora, el arte puede ser arte sin espectador y esto por que lo digo yo.

Mi arte será sublime. No habrá museos, ni galerías, ni artistas, ni espectadores, ni obras creadas. ¡Todo será destruido! ¡Qué maravilla! ¡Qué gran artista! ¿Y Dios?, ¿Dios estará? Tampoco, por que también lo destruiré. Con la destrucción de Dios liberaré el ser humano. Lo liberaré también por que lo habré destruido a él. ¿Y yo? Yo también me destruiré. No quedará nada. Nada de nada. ¡Qué maravilla!

¿Y vosotros estaréis? Pero qué pregunta.

Soy Genial, ¿no?

Jordi Rodríguez-Amat

23 de Octubre del 2010